Nazarenos De Jesucristo
V Sermón
Somos finitos, con sed de infinitud, estamos en camino de ser el hombre pleno que eres tú Señor. Nosotros somos peregrinos y tú el punto de nuestra llegada, el hombre nuevo que seremos, tremendamente angustiosa que es la sed de tu cuerpo deshidratado, tan inferior a esa otra sed que tú tienes, sed de que todos te amemos y en tu amor lleguemos a ser uno, como tu y el Padre lo son.
Tengo sed es un grito permanente, oculto bajo la dolorosa forma de los más necesitados. En ello estamos llamados a servirte, y en dicho servicio nos jugamos la vida.
Tú tienes sed de que tengamos sed de servir al hermano hambriento, sediento, desnudo, enfermo y prisionero.
Tengo sed también es un grito de agonía en el enfermo que no es tratado con dignidad en los hospitales porque no hay medicina para atender sus males o por la falta de humanidad.
Tengo sed es un grito permanente del clamor de tantas personas en los pasillos del Poder Judicial que esperan un juicio justo. Es un grito de aquellos encarcelados que están esperando la sentencia de un tribunal de justicia que no aceleran los procesos porque no les interesan los pobres.
Tengo sed es el grito de las mujeres maltratas de distintas maneras, burladas y agredidas por la indiferencia de los varones, madres abandonadas que buscan la manera de llenar la olla, mujeres que pierden el trabajo porque no son complacientes con sus empleadores.
Creer en el Señor es calmar nuestra sed, calmar nuestras ansias que nos llevan a desorientarnos en la vida, a ambicionar cosas dejando lo demás sin nada, tanta injusticia, tanto problema de usar mal los recursos que tenemos que son para todos, tanto egoísmo, tanta sed que no se calma.
Señor y Dios mío, que por mi amor agonizaste en la cruz para pagar con tu sacrificio la deuda de mis pecados, y abriste tus divinos labios para alcanzarme el perdón de la divina justicia: ten misericordia de todos los hombres que están agonizando y de mí cuando me halle en igual caso: y por los méritos de tu preciosísima Sangre derramada para mi salvación, dame un dolor tan intenso de mis pecados, que expire con él en el regazo de tu infinita misericordia.
Tres Gloria.
Señor pequé, Ten piedad y misericordia de mí.
Prédica del Padre Rodolfo Luna.