EL OTRO COMO HERMANO


Continuación...

Y cuando hablo de hermano de comunidad Nazarena, surgen campos en los cuales no podemos dejar atrás. Muchos nazarenos guardan en sus adentros sentimientos que no pueden decir con facilidad, y menos cuando no hay una formación para hablar con madurez de algunos temas específicos.

Y este tema lo conduzco a los adolescentes que se están formando en nuestras hermandades. La adolescencia como ya sabemos es una etapa de ser Humano no fácil de vivenciar, y como no es fácil, se necesita nazarenos adultos preparados para poder ayudar en esta etapa de vivencia del ser humano, por la cual, tenemos que pasar todos.

Muchos de nuestros adolescentes pasan momentos difíciles que requieren de psicólogo, de escucha, terapias, y ellos no sientes la confianza adecuada para hacerlo con un docente, o psicólogo ofertado por el colegio; lo más confiable para ello es nosotros como hermandad.


¿Qué le podemos ofrecer o que respuesta podemos dar?

La tarea no es fácil, pues, a título personal, se muy poco ante acciones humanas desastrosas porque son múltiples, el hombre muchas veces no tiene medida, en el campo de maldad, así como existente hombres de valor, tal como lo dice la canción existen otros que poseen maldad en su corazón y son felices con el dolor de los demás.

Duele, cuando un niño o niña de 12 o 13 años confiesa que ha sido violado (a) por su padrastro, o el mismo papá biológico, es aterrador ver a un joven de 15 0 16 años que no le encuentra sentido a la vida, y quiere acabarla, porque no encuentra interés en la misma.

Es lamentable observar a joven en una depresión fuerte, donde se sumerge cada día en si, por que es homosexual o lesbiana y no es aceptado en su grupo social y grita, llora, pero no es escuchado (a). Y esos niños, adolescentes o jóvenes muchas veces son de nuestras hermandades, y tenemos que identificarlos para poder ayudarlos de decirles estamos contigo y somos tus hermanos, esa es la gran diferencia de los demás seres del común, por ello mis queridos hermanos, es importante conocer, investigar y aprender para que nuestras hermandades sean un puente de dialogo y ayuda.

No limitemos nuestras cofradías, por ello, yo les decía al principio que por un momento dejáramos a un lado la tradición y miráramos este campo, pues para que haya tradición se requiere de nazarenos y los nazarenos son humanos y esos humanos se necesitan ayudar entre sí. El hombre no está solo en la cansa llamada mundo, el uno necesita del otro para poder vivir, el nazareno es nazareno en cuanto que busca a Dios, por medio del otro nazareno, para que yo sea nazareno, es porque otro me ha invitado, a esa vivencia, Por ello es que los nazarenos son una HERMANDAD.

EL OTRO COMO HERMANO NAZARENO

La espiritualidad nazarena encuentra uno de sus pilares fundamentales en el reconocimiento del otro como hermano. Quien viste el hábito nazareno comprende que no camina solo, sino que forma parte de una comunidad unida por la fe en Jesucristo, donde cada integrante posee la misma dignidad y vocación de santidad.

El Nazareno aprende a mirar a cada persona con los ojos de Cristo, reconociendo en ella la imagen y semejanza de Dios. Por ello, la fraternidad no es solo un sentimiento de amistad, sino un compromiso permanente de respeto, acogida, solidaridad y servicio. Cada hermano es un don que enriquece la vida de la cofradía y contribuye a su misión evangelizadora.

La cofradía se convierte así en una verdadera familia espiritual, donde niños, jóvenes, adultos y mayores comparten una misma vocación. En ella se cultivan valores como la confianza, la humildad, el diálogo, el perdón y la corresponsabilidad, fortaleciendo los vínculos que hacen posible una auténtica vida comunitaria.

El hábito nazareno simboliza esta igualdad fraterna. Al vestirlo desaparecen las diferencias de condición social, económica, cultural o profesional. Todos avanzan juntos como hermanos, unidos por una misma fe y un mismo propósito: seguir a Cristo y anunciar el Evangelio mediante el testimonio de vida.

Reconocer al otro como hermano también implica compartir sus alegrías, acompañarlo en sus dificultades y servirlo con generosidad. La fraternidad nazarena se manifiesta en la ayuda mutua, la cooperación, la escucha sincera y la disposición para trabajar por el bien común. De esta manera, la cofradía refleja el modelo de las primeras comunidades cristianas, que vivían en comunión y tenían un solo corazón y una sola alma.

La enseñanza de Jesucristo resume esta vocación fraterna: "Ámense los unos a los otros como yo los he amado" (Jn 13,34). Este mandato constituye el fundamento de la vida nazarena y orienta todas sus acciones. El verdadero Nazareno no busca el protagonismo personal, sino la construcción de una comunidad donde reine la paz, la unidad y el amor.

Por ello, el otro como hermano nazareno no es únicamente un compañero de procesión; es un miembro del mismo cuerpo de Cristo, con quien se comparte la fe, la misión y la esperanza. La fraternidad se convierte así en el signo visible de una cofradía que camina unida hacia Dios, sirviendo a la Iglesia y a la sociedad con humildad, fidelidad y caridad cristiana.